Extraña desdicha del hombre,
que toma sin amor lo que
destruye.
La bruma ilumina la tierra.
Y lastimosamente ella llora
y desgarra sus quimera.
Su frágil envoltura sufre.
El odio, el desafío aclama.
Mientra más honda la herida,
la grave ambición del deseo
que mata.
Pobre madre naturaleza, que
solo brinda sin límites de
amor su encanto.
Que con sangre y destrucción
recibe el precio de las
conciencias.
Hiriendo y lastimando, sus
más noble intención.
Esa de darnos cobija, de
regalarnos otra gentil
mañana.
Un canto a un nuevo
amanecer.
Extraña simpatía del hombre,
que gusta destruir la
vida.
María Rosa Arias Noa, Nanita.
La Habana, Cuba.
DRA.
16/3/2026.
