El festival de literatura más importante de la Ciudad vuelve en su edición 18 con Emmanuel Carrère y Claire Keegan como figuras confirmadas: cinco días de mesas, lecturas y talleres abiertos y gratuitos por toda la ciudad.
El Festival Internacional de Literatura FILBA llega a su 18° edición del 30 de septiembre al 4 de octubre en Buenos Aires. A lo largo de cinco días, autores y autoras de distintos países conversan entre sí y con el público en mesas, lecturas, entrevistas y talleres distribuidos por la ciudad, generando una conversación pública sobre literatura que comienza en una sala y continúa afuera. La mayoría de las actividades son abiertas y gratuitas, en línea con el propósito que sostiene la Fundación Filba desde 2009: que la literatura circule y encuentre lectores nuevos, sin requerir formación previa ni conocimiento del programa para participar.
Entre los invitados confirmados para esta edición se destacan Emmanuel Carrère —escritor francés ganador del Premio Renaudot, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y el Premio Princesa de Asturias de las Letras, cuyo más reciente libro Koljós ganó el Premio Médicis 2025— y Claire Keegan, escritora irlandesa autora de Cosas pequeñas como esas y Tres luces —llevada al cine como The Quiet Girl—, una de las autoras más leídas en Argentina en los últimos años. La visita de ambos cuenta con el apoyo de Anagrama, el Institut Français d’Argentine, Eterna Cadencia Editora y Banco Galicia, entre otras instituciones.
Hábitat
¿Cómo construimos un espacio que sea nuestro sin que deje de ser de todos? Habitar es una forma de anclar en un territorio y tejer con él una trama de sentidos, memorias y vínculos que nos permite reconocernos en lo que nos rodea. En las ciudades, las lógicas del mercado y la gentrificación entran en tensión con formas de arraigo que crecen por fuera de esas lógicas: comunidades que sostienen la memoria de un barrio, léxicos propios, rituales domésticos que resisten el desarraigo, territorios simbólicos que se construyen puertas adentro y también en la calle, en lo compartido.
Esa misma lucha atraviesa, se impone entre el trazado urbano y la naturaleza: malezas que rompen el asfalto, cursos de agua que siguen su recorrido bajo el cemento, especies que insisten en reaparecer donde nadie las llama. La naturaleza urbana rara vez se deja ver del todo, pero nunca deja de estar: persiste indómita, en los intersticios, como otra forma de habitar que no pide permiso. La literatura ocupa un lugar privilegiado para pensar estas transformaciones porque permite imaginar nuevas formas de habitar el terreno: vínculos entre cuerpo y espacio, entre lengua y territorio, entre identidad individual y comunión colectiva, entre lo humano y lo no humano.
