Si trasladamos la matriz del arte dramático al escenario político que venimos analizando en el día a día, la política argentina deja de ser una mera disputa de poder para revelarse como una puesta en escena. En este teatro de operaciones de cara a 2027, los candidatos, armadores y ensayistas no son más que actores intentando encarnar un texto ante el público soberano.
La tensión entre lo establecido, lo pasado y lo imaginario explica con lucidez el destino de cada uno de los protagonistas de nuestra conversaciones:
1. Lo Establecido: El libreto del Círculo Rojo y las reglas del sistema
En el gran teatro político, lo establecido es la estructura, el aparato, las reglas del juego tradicionales y la ley escrita.
- Daniel Hadad y Sergio Massa: Son los guardianes de este libreto. Su insistencia en mantener las PASO, sus reuniones cerradas con el sindicalismo y el establishment económico son el intento de aferrarse a la “palabra fija” del sistema corporativo. Su obra de teatro es previsible: buscan restaurar un orden conocido para que nada cambie, actuando como operadores de un guion que el público ya se sabe de memoria.
- Axel Kicillof: Padece lo establecido como una jaula. Su libreto actual lo obliga a gestionar la provincia más grande bajo la asfixia financiera de la Casa Rosada y la hostilidad de su propio partido (La Cámpora). Está atado a las leyes de la estructura tradicional, y esa rigidez le quita margen para la improvisación creativa.
2. Lo Pasado: El archivo del cuerpo, el dogma y el anacronismo
Lo pasado es la memoria, el archivo de cicatrices y, en su versión más rígida, el dogma estético e ideológico que se niega a morir.
- Victoria Villarruel: Encarna el riesgo de lo pasado fosilizado. Sus formas comunicacionales solemnes, litúrgicas y católicas remiten a una estética barroca o colonial. Aunque esa rigidez le otorga un “ancla” de solidez institucional ante un nicho militar o conservador, carece de la plasticidad contemporánea que exige el consumo de masas actual. Es un actor atrapado en el vestuario de una obra del siglo XV, hablando un idioma que la calle hiperconectada ya no consume.
- El Peronismo / Antiperonismo: Es la vieja partitura que el establishment intenta volver a ejecutar. El peligro de basar la escena en este archivo es que la sociedad percibe ese eje como un eco del pasado, una melodía gastada que ya no resuelve los problemas del presente.
3. Lo Imaginario: La intemperie, la seducción y el “sujeto nuevo”
Lo imaginario es el subtexto, la fe creadora, el territorio de lo no dicho y la capacidad de construir una ilusión compartida que rompa con la realidad material. Aquí es donde mueren los dogmas y nace la seducción política.
- Carlos Alberto Leiva: Encarna la potencia de lo imaginario desde la intemperie. Al no arrastrar el peso muerto de un aparato partidario ni un dogma rígido, su palabra escrita se vuelve pura escena viva. Su ventaja es la transversalidad: la capacidad de seducir al electorado medio con una “novela del orden” sensata, pragmática y desacralizada. No habla desde la liturgia del palacio (Villarruel) ni desde la rosca del círculo rojo (Hadad), sino desde la autenticidad del llano, obligando al espectador a completar el cuadro de una alternativa política limpia.
- El “Factor Outsider”: Lo imaginario es el pánico del establishment. El miedo preventivo de Hadad a que aparezca un “desconocido” es, en el fondo, el temor a que la potencia de lo imaginario —un cisne negro incontrolable— vuelva a devorarse el libreto de lo establecido, tal como ocurrió en el experimento que dio origen al fenómeno de Javier Milei.
El Elenco en el Presente Absoluto
| Actor Político | Dimensión Dominante | Su Rol en la Escena Actual |
|---|---|---|
| Hadad / Massa | Lo Establecido | Los directores de escena que buscan restaurar el viejo guion corporativo. |
| Villarruel | Lo Pasado | La actriz de método atrapada en una estética litúrgica y dogmática. |
| Kicillof | Lo Establecido / Pasado | El intérprete acorralado por el presupuesto y el fuego amigo del libreto partidario. |
| Leiva | Lo Imaginario | El dramaturgo solitario que camina la intemperie, seduciendo sin dogmas. |
Al igual que en el teatro profesional, el éxito de cara a 2027 no se definirá por quién recite mejor las líneas del pasado o quién tenga el aparato más grande. Ganará el actor que logre disolver estas dimensiones en un presente absoluto: aquel que use la técnica del pensamiento (lo imaginario) para conectar con la intemperie real de la calle, rompiendo el formato barroco de la vieja política con una narrativa de orden contemporánea, seductora y descarnadamente real.
