Desde el valle subclavio,
pasando por los finos montes mastoideos,
en tu llanura,
me hallo perdido.
Sigo tu aroma,
que traen las caricias del viento,
hasta tus cálidos pabellones,
y no me encuentro.
Es tu trayecto yugular,
que me tiene confundido,
intento subirme a tu glomo,
para que tu nódulo
cabalgue sobre el asta del hioides.
¡Ni Atlas tuvo semejante prueba!
¿Tensar acaso, tu platisma,
es suficiente para no desistir?
La marca de mi arco,
impregna tu piel,
y la brisa de tu boca,
apacigua el verano.
Y es el recorrido de mi lengua,
por el desierto
en tu triángulo de Farabeuf,
que sedienta
de tus jugos conjuntivos,
con la dureza de mis veintitrés
se hunde,
en tu túnica, íntima
hasta vaciarte por completo,
y en las áridas caravanas
bebe, rojo,
a tu salud.
