Entrevista a Yanina Audisio, escritora, traductora y autora del libro “Mordida por las flores”. Por Juan Botana.
¿Qué te gusta de recitar en vivo?
Toda vez que el texto sale del papel y se convierte en una presencia ante otros, estos ya no resultan lectores, sino espectadores, esto es que si me comprometo a entregar un poema o sucedáneo en vivo, esa ocasión configura en sí una escena, que reclama interpretación.
Disfruto de darle apertura a la condición de objeto de la obra, su ser, para jugarla en la inestable e irrepetible cualidad de acontecimiento, su estar. El margen de indeterminación que eso produce, sitúa al texto en las limitaciones del sonido, el movimiento, la capacidad de proyección y de recepción, los errores, los accidentes, las reacciones, lo inesperado.
Si me comprometo a entregar un poema o sucedáneo en vivo, esa ocasión configura en sí una escena, que reclama interpretación
¿Qué tipo de poesía creés que hacés?
Poesía lírica que elude la linealidad o la transparencia. También ⸺y esto se enlaza con mi experiencia como lectora, de la que se desprende directamente mi escritura, con el placer que encuentro en cómo se desliza el ojo sobre la línea al leer, en cómo, al escribir, se desliza la mano sobre el papel o los dedos sobre el teclado⸺, aguardo, ansío, atesoro de ese movimiento, de ese hacer con el ritmo, una revelación. Una vez más, lo inesperado.
Partiendo de una reconstrucción del proceso de creación ⸺que siempre ocurre en una experiencia plena y despojada de análisis, en una temporalidad que prescinde de pautas⸺, puedo decir que las obras, que salen de mí, pero no reclamaría como mías, tienen un denominador común, una insistencia, la corporalidad. La palabra respira, se quiebra, se expande como un organismo. Hay una zona donde lo humano, lo animal y lo vegetal hacen que el lenguaje funcione al modo de un cuerpo vivo, es decir, expuesto a intemperies varias, en constante transformación.
Puedo decir que las obras, que salen de mí, pero no reclamaría como mías, tienen un denominador común, una insistencia, la corporalidad
¿Desde que escribís, cuándo leés un libro lo estás analizando o sólo lo leés placenteramente?
Hace tiempo que creo, con cierta convicción, que mi escritura es un subproducto del “exceso” de lenguaje que me dejan las lecturas ávidas, incesantes, necesarias para mí como un rescate. Desde que aprendí a leer, la lectura, más que una actividad, es un estado de trance, un habitar de expansiones, el anclaje hacia un territorio de lo desconocido, lo profundo, otra dimensión ante la cual la realidad es apocada y deslucida.
Leo religiosamente ⸺es mi fe, mi credo, mi templo, mi ministerio⸺ todos los días y todo el tiempo del que puedo disponer. Si me pidieran elegir una sola ocupación o tarea para repetir el resto de mi existencia, sería leer, que lleva a lo irrepetible.
Con esto quiero decir que siempre encuentro placer en la lectura; lo que pueda extraer en términos analíticos, que ocurre, pasará primero por el cribado de la experiencia.
Si me pidieran elegir una sola ocupación o tarea para repetir el resto de mi existencia, sería leer
¿Te gusta reversionar poemas y qué escritores o escritoras leés actualmente o releés con frecuencia?
Reversionar me sucede cuando traduzco. En el trabajo sobre mi propia obra, lo que sí recibo y, con fruición, son influencias, lecturas fecundas que me llevan a escribir, a veces, urgiendo, como en un contagio, y con la marca del hallazgo de una respiración, más que de una forma.
Leo mucho y variado. Vuelvo con insistencia a Leonor García Hernando, Glauce Baldovin, Raúl Gustavo Aguirre, Alda Merini, Yannis Ritsos, Eugénio de Andrade. Por mencionar un descubrimiento reciente, puedo destacar a Eva Veiga. Respecto de la narrativa, reincido en Armonía Somers, Sara Gallardo, Flannery O´Connor, William Faulkner, Graciliano Ramos, Manuel Scorza.
En el trabajo sobre mi propia obra, lo que sí recibo y, con fruición, son influencias, lecturas fecundas que me llevan a escribir, a veces, urgiendo, como en un contagio
