Yo tengo 57 años y me encontré solo a los 56 después de estar en pareja desde los 19 y mi última unión fue de 23 años con una hija en común. Y ponele que yo no me adapto mucho a las formas de vincularse hoy o quedé enganchado con mi vida anterior o con mi ex. Pero hoy veo que la mayoría de las personas quieren estar solas o terminan estándolo. Los más jóvenes puede que no quieran comprometerse o no tienen plata para armar algo, pero los más grandes tampoco. Si están en pareja sueñan con su libertad y con no hacerle nada a su mujer y a sus hijos o al revés.
Personalmente creo que los telefonitos, las apps y las redes sociales hicieron pomada los vínculos. Tanta sobre exposición y contactos termina jugando en contra. Y siempre va a aparecer un perfil de whatsapp o el video de uno o una que sea más lindo o mejor que el anterior. Y mirar eso todo el tiempo no ayuda. Menos chatear con un montón de personas pensando que va a pasar algo. Porque, aunque les parezca mentira, muchos es nadie.
Y ya sé: alguno me dirá que armó una relación estable con una brasilera o con un polaco y que un día uno de los dos va a viajar y se van a conocer. Y se acompañan por las noches chateando horas y se cuentan las cosas como si fueran marido y mujer. Pero no lo son. Tampoco el perrito o el gato que tienen de mascota es su hijo. Y no saben lo lindo que sería para el perrito tener un chico para jugar en vez de alguien que lo levanta del suelo cuando pasa un perro más grande por miedo.
No me jodan: dejen el celular por un rato y vayan a conocer gente y equivóquense y salgan con alguien y si no funciona después vemos, pero a lo mejor funciona. Y si están hablando por chat con alguna persona y la quieren conocer, díganselo. Se los digo a ustedes y me lo digo a mí mismo. No tengan miedo a perder o expresar sus sentimientos si los tienen.
Y no me vengan con que prioricé mi trabajo o viajar y por eso no tuve hijos. O que no me casé o junté porque no se dio. O que es más seguro escudarse en las redes sociales. O tal vez sueñan con ser presidentes como Milei, que no tiene hijos, ni amigos (salvo los que le aparecieron desde que es presidente por interés) ni se lleva bien con los padres y las novias que tuvo son más para la galería que para él. Y quién soy yo para meterme en la vida privada de Milei, salvo porque él se mete con la mía con sus políticas no públicas.
Tampoco querer ser presidente hoy por hoy es un proyecto noble y solidario. Que nobleza hay en Trump o en Putin (solo por citar dos ejemplos) o en los empresarios exitosos que quieren ayudar en la política para acumular más poder como Hadad, Guebel, Brito, etc. Ninguna.
Les aseguro que no hay que estar solo para ser exitoso o feliz. Mi mayor éxito y felicidad la tuve cuando estuve en pareja y tuve una hija. Y si no fuera por mi hija hoy no tendría un motivo para vivir. Porque la vida no vale nada si no tenés con quién compartirla.
Y puede que este editorial lo esté escribiendo para mí. Y no tienen por qué leerlo si no me conocen. Pero muchos de ustedes me conocen y saben que se los digo de onda.
Un mensaje de whatsapp no reemplaza un abrazo, un corazoncito no equivale a un beso o a que alguien te quiera y un chat erótico o una fotito no equivale a amarse o estar juntos. El contacto de los cuerpos es necesario todavía. No lo abandonen, por favor.
