“Elegí ser enóloga porque me tiene enamorada la alquimia del vino”

“Elegí ser enóloga porque me tiene enamorada la alquimia del vino”

Entrevista a Marina Moyano, futura enóloga, integrante del equipo de trabajo del investigador del Conicet, Felipe Rocha, y encargada de las degustaciones y la asistencia técnica del Museo de la Sidra y el Vino en Villa Regina. Por Juan Botana.

¿Qué estás haciendo ahora y por qué querés ser enóloga?

Mi presente es muy dinámico y gratificante. Actualmente trabajo como cajera en una estación de servicio, un rol que es mi sostén económico y que valoro porque me brinda la estabilidad necesaria para cursar mis estudios. Ese contacto diario con la gente me viene bárbaro porque soy muy sociable; me encanta charlar y conectar con las personas, y esa misma chispa es la que trato de transmitir ahora en los encuentros de degustación que guío.

A la par, estoy a solo cuatro materias de recibirme de Enóloga e integro el equipo de trabajo del investigador Felipe Rocha (CONICET), colaborando en la planta piloto con el proyecto de: ‘Aprovechamiento integral de subproductos de la industria de jugos de manzana y pera para la obtención de ingredientes funcionales y bioproductos.

Elegí ser enóloga porque me tiene enamorada la alquimia del vino. Me apasiona esa transformación donde la ciencia y la naturaleza se unen para crear algo mágico, como le digo yo. Es esa búsqueda de convertir el fruto de nuestra tierra en algo que trasciende; una experiencia sensorial que llega al corazón y se disfruta en cada momento: en las reuniones, en los brindis o en esos ratos a solas con uno mismo.

Elegí ser enóloga porque me tiene enamorada la alquimia del vino. Me apasiona esa transformación donde la ciencia y la naturaleza se unen para crear algo mágico, como le digo yo.

¿Cómo venís con las charlas y catas de vino en Villa Regina?

Es una experiencia que disfruto muchísimo. Actualmente tengo el gusto de estar al frente de las degustaciones y la asistencia técnica en el Museo de la Sidra y el Vino , un espacio municipal que es clave para nuestra identidad. Lo que más valoro es poder aplicar mi formación para que el conocimiento técnico llegue a la gente de forma sencilla. Nuestra región del Alto Valle valora muchísimo estas actividades; a los vecinos les encanta participar y redescubrir lo nuestro. Para mí, ser ese nexo que comunica y conecta a las personas con la riqueza de nuestra producción local es la parte más gratificante de lo que hago hoy.

Actualmente tengo el gusto de estar al frente de las degustaciones y la asistencia técnica en el Museo de la Sidra y el Vino , un espacio municipal que es clave para nuestra identidad.

¿Para qué usás tu Instagram?

Es el reflejo de mi día a día. Ahí muestro mis diferentes facetas: desde mi trabajo hasta mis entrenamientos y lo que voy aprendiendo para ser enóloga. Lo uso para compartir mi ritmo de vida porque me apasiona lo que hago y me gusta contagiar esa energía; siento que al mostrar mi proceso puedo inspirar a que otras personas también se animen a ir tras lo suyo y vean que con dedicación todo se puede.

Pero también es mi espacio para divertirme, subir las fotos que me gustan, mostrar mi lado más estético y simplemente ser yo. Me gusta que sea un lugar auténtico donde se vea que soy una mujer real, que trabaja y estudia, pero que también disfruta de sentirse bien y mostrarse como es.

Al instagram lo uso para compartir mi ritmo de vida porque me apasiona lo que hago y me gusta contagiar esa energía.

¿Qué tipo de fe practicás?

Más que una práctica religiosa formal, lo mío es una relación personal con Jesús. Él es mi motor y el que me da la fuerza real para encarar el día con ganas, alegría y disfrutar de lo que hago. Siento que mi fe es mi cable a tierra; es una charla constante y un agradecimiento por las oportunidades que me da la vida, sobre todo cuando me doy cuenta de cuánto he crecido.

Para mí, la fe no es algo de un solo día a la semana, sino que me acompaña en todo lo que soy. Está conmigo cuando estoy trabajando, cuando me siento a estudiar, en una charla, en la mirada de cada persona que te cruzás. Es esa paz en el corazón que me hace sentir que, pase lo que pase, nunca estoy sola. Es caminar con la confianza de que voy por el buen camino.

Lo uso para compartir mi ritmo de vida porque me apasiona lo que hago y me gusta contagiar esa energía.

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