Hablemos sobre la felicidad. Por Paula Sánchez Jmelnitsky

Hablemos sobre la felicidad. Por Paula Sánchez Jmelnitsky

Estuve pensando sobre qué tema escribir el artículo y se me ocurrieron varias puntas. Pero no me decidía por ninguno hasta que entendí que todo está relacionado.

Llamó mi atención en las redes sociales la presencia de muchísimas mujeres planteando un retiro de las citas para conocer posibles parejas.

Dicho en otras palabras, un detox de hombres.

¿Razones? 

Que los hombres huyen del compromiso, que no saben cómo plantarse frente a una mujer independiente económicamente, que la gran oferta para conocer gente hace que no quieran tomar compromisos.

Y una postura infantilista de los hombres, que ahora son “princesos” que esperan que la mujer haga todo: los llame, los invite, decida donde es la cita, y además se haga cargo del 50 % del costo de la salida.

A su vez, los hombres se quejan de otras cosas por supuesto.

Es decir, estamos en una época de gran conectividad a través de nuestras computadoras y teléfonos, que coincide con una enorme incapacidad de construir intimidad con otro ser humano en la vida real.

En parte por el cambio protagonizado por las mujeres que se han independizado económicamente, generando a veces más recursos que los propios hombres.

Esto deja perplejos a ambos, que no saben cómo posicionarse ante el comienzo de una relación.

El hombre, por naturaleza proveedor, está confundido por este cambio en las reglas del juego.

Y las mujeres, ahora con economías propias, se ven más motivadas a elegir con otros parámetros, buscando hombres más sensibles, que las puedan acompañar también a ellas en sus desafíos profesionales o de trabajo.

Y en esta búsqueda de ambos se produce el desencuentro. Y la gran cantidad de gente sola.

Obviamente este análisis no agota todas las variables que son innumerables, pero me conformo con plantear el panorama.

Y aquí entra el otro tema que también me hizo pensar esta semana, que es el caso de las fiestas de Propofol y Fentanilo que han llevado a la muerte a dos personas (que sepamos) y que ha transformado en dealers y consumidores a médicos jóvenes y prometedores.

Pienso en esos jóvenes profesionales, con educaciones de élite, con una extrema soledad y una necesidad de experiencias que los hagan sentir vivos.

¿Qué está pasando como sociedad que nuestros jóvenes buscan momentos de placer y bienestar con drogas sintéticas, cuyos fines son otros, y se sienten incapaces de generar verdaderos, espacios de intimidad y felicidad con otros seres humanos?

¿Si esta es la vida de jóvenes “exitosos” social y económicamente, que queda para el resto, la gente promedio?

Esta siniestra situación actual me hizo recordar el estudio más famoso de la Universidad de Harvard sobre la felicidad es el “Harvard Study of Adult Development”, uno de los más largos de la historia (más de 85 años siguiendo vidas humanas).

Y su conclusión principal es sorprendentemente simple… pero muy profunda:

La fuente principal de la felicidad son las relaciones humanas de calidad.

No el dinero, ni el éxito, ni la fama.

Son las conexiones cercanas y significativas el factor más fuerte para ser feliz, estar sano y vivir más tiempo. 

¿Qué descubrieron exactamente?

Las relaciones son el pilar central. Las personas con vínculos afectivos sólidos son más felices, más saludables y viven más. No importa tanto la cantidad, sino la calidad emocional (confianza, apoyo, intimidad).

Esto incluye: Pareja, Amigos, Familia, Comunidad.

La soledad es tóxica. El aislamiento aumenta el riesgo de: depresión, enfermedades, muerte prematura. Las buenas relaciones regulan el estrés.

Las personas con vínculos seguros manejan mejor los problemas, tienen menor respuesta al estrés, se recuperan más rápido emocionalmente.

Y prepárense para esto:  No es el dinero lo que más influye.

¡Sorprendente, cierto!

El dinero ayuda hasta cierto punto (cubrir necesidades básicas), pero no predice la  felicidad a largo plazo.

¿Qué les dice ésto sobre cómo las redes sociales endiosan a millonarios con dudosos valores, sobre como influencers nos dicen cómo vivir, viajar, entrenar nuestros cuerpos colando el mensaje que el dinero trae la felicidad?

Nada más equivocado.

La felicidad se puede aprender.

Dice Harvard: aproximadamente 50% es genética, o como yo pienso en realidad, aprendida en nuestras familias de origen, y el resto depende de hábitos, decisiones y vínculos (epigenética) creados por la persona.

La síntesis de Harvard:

“La buena vida se construye con buenas relaciones.”

Pero cuidado: No es solo “tener gente…”

Es sentir que alguien te ve de verdad, que es seguro poder ser vos mismo, que hay conexión emocional real.

Eso es lo que el estudio llama hoy “fitness social” (estado relacional saludable).

Resumiendo, dónde radica la felicidad según Harvard:

En la calidad de tus vínculos.

En sentirte conectado y acompañado.

En compartir la vida, no solo “lograr cosas”.

Entonces ahora la tarea es donde poner el foco, que habilidades desarrollar, establecer nuevas prioridades según estos valores, para no encontrarnos al fin de nuestra vida con la soledad, la enfermedad y la miseria emocional.

Para quienes quieran ahondar en este tema, hay un documental en YOUTUBE llamado “Happy” (buscarlo así: “HAPPY DOCUMENTAL COMPLETO SUBTITULADO”) que conecta con los estudios sobre la felicidad incluyendo el de Harvard.

Espero que esta nota devuelva esperanza, todos podemos ser felices, es un camino individual, personal y todos podemos lograrlo.

El momento de poder es aquí y ahora, siempre podemos tomar nuevas decisiones.

Paula Sanchez Jmelnitsky

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