De mi parte, fueron cuatro poesías y un pedacito de una canción liberadas en un ciclo poético en el Portal Rojo organizado por Gabriel Fantini.
Alquimia
Guardé el anochecer en un cajón.
¡No lo abras!
Dejé mis sueños más preciados afuera.
Caminaré por un tiempo una muralla
Acompañame, si querés.
Quédate cerca.
Cuando no me encuentres
búscame en los rincones.
Encogido de hombros
doblando las alas
como un pájaro
que acaba
de cruzar una tormenta.
Mi corazón está vivo todavía.
No es cosa de magia ni de brujas,
es que nada puede
destruirme del todo.
Ni el encierro ni el desprecio.
Quiero estar libre para amar.
¡No te das cuenta!
De nuevo.
Ahora de nuevo.
Volver a Marx
Siempre tendré la poesía como excusa.
Tendré las flores más rojas. Un recuerdo vivo.
Tendré al hombre y no a Dios.
Los muelles en la arena de la isla de Cuba.
Las torres del Paine.
Otra chica abusada llorando en la ciudad.
Siempre habrá un nuevo facho restringiendo accesos
y otra selva en llamas.
Bonistas que compran y venden nuestras ganas.
Pueblos rotos por el hambre y la pobreza estructural.
Puedo decirles a otros, aunque yo no lo crea.
Que hasta el día más triste se termina a las doce.
Que hace 170 años lo advirtió Karl Marx.
Que su diagnóstico aplica también para Latinoamérica.
Siempre me quedará Martí y odiar las fronteras,
la infancia en peligro,
las injusticias, la deuda externa, la explotación.
La Plaza de Mayo, la libertad y esa igualdad que no llega.
El amor para siempre y el sueño de revolución.
Todo eso de lo que yo debería escribir en mis poemas.
Si no te vas.
Primaveras
Los árboles siempre me acompañan.
Me miran, aunque yo no los mire.
Estiran sus hojas hasta el cielo
mientras me abrazan con sus ramas
y raíces.
A veces pienso que ese amor no lo merezco.
Que camino sin saber si hay un destino.
Y así pasan en la vida mis inviernos.
Otro infierno, los insultos,
la aguanieve y el granizo.
Otra vez un mal recuerdo
y tengo miedo.
Cierro los ojos e imagino
que no tiemblo,
que después del invierno
habrá otro invierno
y otro invierno.
Abro los ojos,
miro a un árbol
y a sus hojas,
las acaricio,
me tocan,
como si escribieran
primaveras.
África
Me gustaría volverme pájaro
y tocar el cielo.
Atravesar montañas y ríos
y caer al agua
convertido en pez.
Me gustaría que muchas
de las cosas que escribo
fueran al revés.
Que el sur
tenga las mismas posibilidades
que el norte
y que no tuviéramos
que nacer endeudados.
Y que papá no nos pegue.
Porque siempre duele.
Desde un cuarto oscuro
cualquier verde es montaña
y los ríos son mares.
Y queremos ser pájaros o peces
para escapar.
Cuando todos
los perjudicados
del mundo
somos el mismo.
Y eso iguala
a un chico,
a un viejo,
a un negro,
a un aborigen,
a un pobre,
o a una mujer.
Y ahora que soy grande
y viajo a algunos lados
los lugares están más cerca
y la imaginación hace estragos.
Y en lo más hondo de un río
una piedra mapuche
tiene forma de África.
Estado de sitio
“Hay tanta gente dañada que se siente justificada para dañar. Hay fracasos divertidos. Hay estado de sitio en mi mente y vos tenés la culpa” (Pato Benítez)
