Por qué los festivales. Por Juan Botana

Por qué los festivales. Por Juan Botana

Cuando quise presentar mis escritos en vivo, pensaba que nadie me iba a invitar a leer a mí. Entonces se me ocurrió armar mis propios eventos. Así me aseguraba poder leer. Cuando presenté “Recovecos” en el Museo Americanista de Lomas me di cuenta que presentar un libro de cuentos se complicaba. Que los textos eran largos y que la gente no se iba a enganchar. Y eso que salí en la tapa del Diario La Unión y enseguida la prensa me apoyó y vino algo de gente.

Después fui a ver algunos eventos a los que llamaban festivales y me parecía que los que leían eran siempre los mismos y que el público no participaba. Y como tengo formación marxista creía en eso de invertir los roles y que los mismos que leen, escuchen y que los que escuchan, después lean.

El mundo sería más justo si en todos los ámbitos de la vida o al menos en muchos, pudiéramos alternar los roles. Quizás los embarazos serían más justos, si las personas quedáramos embarazadas, a veces las mujeres y otras veces los hombres. Tal vez la sociedad sería más igualitaria si los ricos, unos cuentos años de su vida, fueran pobres y al revés. O si todos fuéramos de clase media por ley.

Pero como éstas dos ideas o tres no dependen de mí, pero armar un festival sí, organicé los festivales de poesía para presentar mi libro “Amores truncos”. Al principio eran presentaciones de libros más la convocatoria a hacer un festival. Tal vez era un poco pretensiosa la idea de un festival al principio, pero de a poco se fue generando. Y comenzaron a participar escritores de todos lados, incluso de otras provincias y países.

Así organicé festivales en el Jardín Botánico de Buenos Aires, en el BASA y en el Club 6 de marzo de Lanús, en el Oveja Roja de Lomas y en la SADE Nacional con récord de participantes. Pero todo comenzó en la Biblioteca Alberdi de Remedios de Escalada, y explotó de gente en el Museo Americanista de Lomas. Y cuando llego el turno de la SADE Nacional estábamos muy arriba. Y escribí una crónica que se llama “La Social Cultural” donde cuento cómo se generó este fenómeno poético y la publiqué en “Sin ojos que los miren”. Después llegó el BASA y luego la pandemia nos volvió virtuales. Y las redes sociales me hicieron más conocido. A mí y al festival que hasta llegué a presentarlo en el Centro Cultural San Martín.

Cuando terminó la cuarentena ya había muchos escritores que querían participar y busqué un lugar al aire libre, para evitar los contagios que todavía podían producirse por coronavirus, y retomamos los festivales en el Jardín Botánico. Un poco porque es un lugar que a mí me gusta, por qué viví mucho tiempo cerca de ahí, porque tenía el contacto y por un chiste de Pablo Funes sobre “Botana Botánico” y que los poetas que me seguían a mí eran los “poetas botánicos”.

Y hoy puedo decir que casi todos los poetas que andan dando vueltas por micrófonos abiertos, festivales, encuentros literarios y slam de poesía pasaron alguna vez por el Festival de Poesía en el Jardín Botánico y por otros que organizamos.

Y la idea es llevarlo el año que viene al interior. Íbamos a hacerlo este año y empezar por San Luis, pero una situación personal mía me impidió hacerlo y se va a demorar un poco la idea.

Ahora los poetas vienen solos. No tengo más que publicar un flyer en las redes o en el grupo de whatsapp y se anotan o piden participar. Pero al principio no fue así, había que llamarlos de a uno. Primero, llamé a escritores conocidos y algunos de los que se dicen progres o peronistas, me decían: “Juan, yo no voy a ir a leer junto a alguien que recién empieza”. Incluso algún funcionario del Municipio de Lomas de Zamora llegó a decirme: “Dejalas participar a ellas primero” “Acá hay gente muy importante”. A lo que le contesté: “Todos somos importantes”.

Porque el festival que yo hago es democrático. Yo participo la misma cantidad de minutos que los demás, incluso a veces menos. La idea es que todos participen. A veces se complica por la cantidad de gente y tengo que armar la grilla por orden de llegada o dejar pasar primeros a los que vienen siempre. Y alguno que vino por primera vez lamentablemente no pudo o tuvo que esperar mucho para participar y se fue, pero todos saben que tarde o temprano participan y qué si me avisan o se manifiestan, tendrán un lugar. Incluso los que llegan tarde. O que vienen leen y se van, diciendo que tienen que ir a otro lado, que se les hace tarde. O llegan a última hora y leen y no tuvieron que esperar ni escuchar a nadie.

Cada uno puede hacer lo que quiera. Lo importante es que lea y que su voz se escuche entre tantas otras.

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