Virtual. Por Ángela Briceño

Virtual. Por Ángela Briceño

Cuando me sacaron los ojos,
.  trabajo del tacto
volvió más lentos
.  los movimientos de cada articulación

Reconocí por primera vez
el marco de una ventana
helada
aún sin ser de noche

…Atravesé
Plataforma o tiniebla
¡oh, noche mía!
apenas puedo
levantarme

Despoja
de todo mantra de todo aliento
esta reiteración

que es acaso el mismo cuerpo
No reconocí
sensación igual
atrás

Cuando
las motosierras
—yo era árbol—
cortaron mis manos
pude escribir

Oí eucaliptos en las llamas bajo leñas de la noche
grietas feroces
sin pulmón
En cada sílaba presentí
tres versos deseados
y el aire espeso
no la niebla
lápices de colores
un caparazón que lamía
.  penúltima pulsación

Oí las uñas incrustándose
en la tierra de una planta
sin nutrientes
Oí el respiro de su sed
¡y qué será de ti!
Planta muda, seca, muerta

Cuando el mutismo me abrazó… soñé en azul

Oí la noche en que
los cisnes eléctricos
descendieron
Su chispa encendió los cigarros
de un suicida

Oí el lamento
de un hombre
atacado por un niño
gigante que reía
macabro y dulce
¡dulce niño mío!

Oí las latas que se abrían
¡Ten piedad de mí!
gritó mi sed a su efervescencia
pude escribir
Oí indiscreta los secretos
de Yenkary a las estrellas

Hondo, muy hondo
tan hondo
Escuché la voz de una mujer de plata
que cantando alto
no medio
Más allá del alto más alto
Abierto
Abierta boca
Abierta noche del concierto
calculo tres metros
Micrófono abierto
jadeó con la palabra libertad

Oí el silencio y el suspiro de vehículos cansados
Sin querer se congelaban
en el gris de una ciudad
Oí los grillos

Oí la noche de una niña
o ya las lágrimas caer
en un borde de lata
en donde no hubo ventana
Oí martillos y las puertas que se abrían
Sentí las púas en mi cuerpo ya sin carne

Pero en los días
del color de esta ciudad
las máquinas oí llorar, oí llorar

Detenido aullido
tal vez descomponiéndose
Oí sus rótulas de óxido
tratando de proveer el movimiento
¡vengan a mí, vengan a mí!
pero no hubo agitación
no pude oír
Marché en el ruido
de las cuerdas destempladas
Aprendí a ser trapecista
Equilibrio en el mareo advertí

Oí las grietas
Que surcaban
Más choque
Más distancia
entumeciendo

Oí la noche como escarcha cayendo
Cayendo
Cayendo
Cayendo más azul que lo profundo
Y aquí me sumergí

Cuando encontraron mi cuerpo inerte
Semilla seca
fui
y junto a otras cortezas
sin dar señal de muerte
he permanecido

Cuando algo tan fuerte
como el latido
nos hizo falta
Cuando nos desconectaron de la noche,
aprendimos a decir:
y tanta luz, tantas palabras no supimos ya vivir
.

De Esqueletos (2022)

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